Silvio Lebicura: Boca, vóley y una vida de entrega y compromiso con el otro

Silvio Lebicura: Boca, vóley y una vida de entrega y compromiso con el otro


Por Ignacio Rambado

Silvio Lebicura nació hace 57 años en el Aluminé, un rincón de la provincia de Neuquén donde la tierra y la comunidad se entrelazan como familia. Fue el cuarto de doce hermanos, todos criados por su madre, quien se convirtió en el pilar de su hogar “Nos tenía como pollitos” recordó. Su padre, falleció en cumplimiento del deber cuando tenía solamente 9 años.

En el barrio participaba de los torneos de futbol que se hacían en la calle frente a su hogar, “Mi papá me llevaba en frente y jugábamos al futbol en la calle, no teníamos arcos ni la cancha marcada, pero éramos felices igual, se juntaban todas las familias a ver el torneo, fueron unos lindos momentos. Ya un poco más de grande jugué para el hospital de Aluminé se hacían los intercentros donde participamos no solo de jugar a la pelota sino de otras actividades también, competíamos y nos divertíamos por igual.” dijo con una sonrisa.

Desde pequeño, se destacó por su buena conducta y su rendimiento escolar. Cursó la primaria en la Escuela N°52 y la secundaria en el CPEM N°14, donde a partir segundo año se convirtió en presidente del centro de estudiantes. Fue allí donde descubrió su pasión por la organización, la comunidad y el trabajo colectivo.

En 1986, su trabajo en actividades juveniles de la Secretaría de Juventud, realizadas en el lago Aluminé, sirvió de enlace para abrirse camino en Neuquén Capital. En el año 89 llegaría a la capital neuquina con muchos sueños y pocas certezas. Vivió en casa de un amigo mientras esperaba que se concretara un empleo prometido. Durante esos primeros meses, buscó trabajo sin suerte, hasta que fue contratado por la provincia para trabajar en los barrios como líder barrial.

Villa Ceferino fue su primer destino, un barrio difícil, marcado por la exclusión y la delincuencia. Pero Silvio, con su espíritu incansable y siempre dispuesto a dar una mano, se ganó el respeto de la comunidad. Promovió actividades para jóvenes, armó bibliotecas, grupos de iglesia y espacios deportivos, siempre con el mismo objetivo: ofrecer una alternativa a la calle. Su trabajo en los barrios continuó en el barrio Los Pumas y más adelante en Villa María. Su entrega fue tan profunda que, años después, uno de los jóvenes que había ayudado, convertido ya en enfermero, lo reconoció una vez cuando fue internado y le agradeció todo su trabajo con un abrazo que Silvio jamás olvidará.

Silvio junto a su equipo femenil de vóley de Parque Central.

En 1990 comenzó su recorrido en la Municipalidad de Neuquén, dando clases de vóley en el centro deportivo Picardi en el barrio Villa Florencia. A partir de ahí, apostó toda su carrera al vóley, convencido de que el deporte puede transformar vidas. El responsable del centro deportivo Picardi le ofreció ser el responsable del gimnasio del Parque Central puesto que aceptaría sin dudar. Desde hace 22 años es el responsable del gimnasio del Parque Central, un lugar que él mismo moldeó para que se convirtiera en un verdadero centro deportivo modelo. “Mi objetivo era darle vida al Parque Central, había un horario de 14 a 17 hs que se desaprovechaba, no había nada y ahí comencé con el proyecto de Maxi Vóley”, expresó. Así nació el proyecto, que tenía como objetivo que las personas puedan liberar tensiones después de sus jornadas laborales y puedan compartir, moverse y volver a casa con una sonrisa. Incluso se colocaron duchas para que las personas lleguen limpias a sus hogares. Hasta día de hoy sigue funcionando el Maxi Voley.

Silvio junto a su equipo femenil de vóley juvenil de Parque Central.

Por todo el trabajo que conlleva ser responsable de un centro deportivo tan grande, se descuidó y sufrió una grave recaída de salud que comprometió sus riñones, su hígado y su vida entera. “Por estar tan metido en hacer y hacer todo el tiempo, me descuidé mucho, tenía jornadas que estaba todo el día y no te das cuenta, comes mal, descansas mal y poco a poco te vas deteriorando”, contó.

Pasó 7 meses internado, y fue gracias a su comunidad, a médicos solidarios y a una doctora que había sido su alumna, Angélica Huglich, hoy directora del hospital de Aluminé, que logró un trasplante de hígado tras un largo año y siete meses. Su hermano Hugo, inseparable, vivió con él 9 meses durante su peor momento. Silvio volvió a la vida con más fuerza que nunca, hasta volvería a su segunda casa La Bombonera.

La pasión por Boca Juniors es otro de los pilares que atraviesan su historia. “Yo vivía en la calle Chaneton 1080 y mi casa estaba pintada con los colores de boca, era el punto de reunión para ver los partidos junto a mis amigos. En una de esas juntadas salió la idea de la peña y poco a poco la fuimos construyendo”, recordó. 

Su hogar en Aluminé pintado con los colores de Boca Juniors.

Es, junto a su hermano Hugo, socio fundador del Museo de Boca, posee una estrella dentro del mismo que lleva el apellido de su familia y una réplica en su casa en Aluminé la cual el intendente la conmemoró como sitio histórico. Hay visitas guiadas dentro de su hogar donde la gente puede sacarse una foto con la estrella de los Lebicura.

Silvio junto a su familia frente a su hogar, lugar proclamado histórico de Aluminé.

Boca para él es pasión. “Cuando voy a ver a Boca me olvido de todo, me quedo con la emoción de estar, de compartir, de alentar, voy al club y es lo más, ahí adentro no tengo problemas, ojalá todos los bosteros sientan por lo menos una vez la emoción de lo que es estar ahí adentro", expresó.

Siempre que pudo viajó a Buenos Aires a alentar Boca, estuvo 3 años sin poder asistir, finalmente luego de su recuperación post operatorio se hizo presente el 6 de abril en el partido contra Barracas Central. “La gente me vió volver y se acordaban de mi, me abrazaban, lloraban y se sacaban fotos, todos rezaban para que pueda volver a donde soy feliz", dijo.

Silvio en La Bombonera junto a la peña xeneize neuquina.

Hoy, Silvio se define como una persona sencilla, que vive con pasión y siempre deja todo, que se entrega mucho y da hasta lo que no tiene, alguien que cree profundamente en la fuerza del otro, en la comunidad y en la importancia de ofrecer oportunidades. No trabaja por el sueldo, trabaja por la gente. Su sueño es que el gimnasio del Parque Central siga siendo un lugar de contención, crecimiento y alegría para todos, y que quien lo suceda lo haga con el mismo compromiso.



Silvio, en su oficina.

“Quiero que se recuerden más mis acciones que mi persona”, dijo con humildad. Y es que, para Silvio, la vida se trata de estar presente, de ayudar, de dar, vivir cada día con pasión y darlo todo por las cosas que creemos buenas, y de encontrar siempre esas mil razones para disfrutar la vida.

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