El fútbol como pasión y no como profesión, la historia de Maria Elena Cardenas

El futbol como pasión y no como profesión, la historia de María Elena Cardenas

"El fútbol me enseñó mucho, pero nunca lo vi como una salida laboral", reflexiona la exfutbolista nacida y criada en General Roca, Río Negro que, a sus 41 años, aún disfruta del deporte que marcó su vida.

Por Joaquin Seguel. 

María Elena descubrió el fútbol jugando en su barrio con sus amigos en 1996 aunque era una de las pocas chicas que practicaba este deporte en esa época, "empecé a jugar desde muy chica, en el tiempo que yo jugaba las chicas no tenían el espacio que tienen hoy y jugaba con varones en el barrio”.

Elena empezó a competir en torneos en 1999 con 16 años, “A los 16 años me vino a buscar un entrenador para jugar en un equipo de otro barrio ya que el estaba juntando chicas para formar un equipo femenino", relata.

Su talento era innegable, gracias a su velocidad y físico destacaba tanto en ataque como en el mediocampo, “empecé como delantera, jugando por la banda izquierda por mi rapidez, pero luego el técnico vio que tenía condiciones para jugar de volante central, por mi físico y altura y ahí me quedé”.

Con ese equipo ganó campeonatos en General Roca, 25 de Mayo y General Hacha, de esta manera comenzó a forjarse un nombre en el fútbol femenino regional.

Del barrio a la Selección Argentina

El punto de inflexión llegó en 2003, cuando la Selección Argentina organizó una convocatoria abierta en el Deportivo Roca. "Yo no pensaba ir, pero mi amiga Vasthi insistió en que la acompañara. Al final me anotó y me llevó, un poco obligada ja", cuenta con alegría.

Ese día se presentaron más de 300 chicas y en las pruebas armaban equipos al azar para disputar partidos entre ellos mientras eran observadas por los scouts. "No tenía muchas expectativas porque veía chicas muy buenas, pero seguí avanzando. Después de tres partidos llegué al último, aunque ni siquiera esperé los resultados. Estaba convencida de que no quedaría, así que me fui a mi casa con mi amiga”.

Al día siguiente, recibió una llamada y luego una carta que cambiaría el curso de su vida, había sido seleccionada junto con otra jugadora para viajar a Buenos Aires e integrarse al plantel de la Selección Argentina.

Carta de la asociación de futbol argentino.

Tras la sorpresa inicial, María Elena enfrentó una difícil decisión ya que en ese momento estaba cursando el primer año de abogacía en la Universidad del Comahue. "Tuve que consultarlo con mi mamá y finalmente decidí pausar mis estudios y aceptar el desafío. Aunque el fútbol me apasionaba, no lo veía como un camino profesional, pero sabía que sería una experiencia única”.

En el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD), tuvo que adaptarse a una rutina intensa de entrenamientos con doble turno, de 8 a.m a 12 p.m y de 14 p.m a 18 p.m estos entrenamientos dieron sus frutos y le dejaron muchas enseñanzas, "en esta experiencia que fue muy linda, aprendí a como se entrena para ser profesional, a cómo cuidarme con las comidas y como no lesionarte", expresó con felicidad.

Sin embargo, la realidad económica del fútbol femenino en ese momento era muy distinta a la actual. "Nos proporcionaban la vestimenta, la estadía y la comida, pero no era suficiente para mantenernos. Muchas chicas trabajábamos en restaurantes por la noche para cubrir los gastos”.

Lamentablemente estos horarios de trabajo le hicieron sufrir su primer hecho de inseguridad en el gran Buenos Aires, "una vez volviendo de entrenar nos robaron en el subte a mí y un grupo de chicas, nos robaron los botines, plata y más cosas que ya ni me acuerdo”.

Además de los entrenamientos, María Elena participó en amistosos internacionales, enfrentando a selecciones como Suecia y Panamá, “contra Suecia perdimos 8 a 0 debido a que su físico y nivel de juego eran superiores, después contra Panamá estuvimos más parejos, pero perdimos 2 a 1, de igual manera estos partidos nos ayudaron a crecer y entender dónde estábamos paradas”.

La experiencia en la Selección fue breve debido a que luego de seis meses, una lesión en los meniscos de su rodilla derecha la obligó a replantearse su futuro. "Podía operarme y seguir, pero la situación económica de mi familia era difícil y decidí volver a Roca y ayudar a mi mamá".

María Elena dejó la Selección con la satisfacción de haber vivido una experiencia única, pero también con la claridad de que el fútbol no era su destino profesional. "Nunca jugué con la presión de triunfar, como sí lo hacían otras chicas. Para mí, era una pasión, no un medio para ganarme la vida, ni mucho menos”.

A los 35 años, María Elena volvió a las canchas de manera amateur en Barda del Medio, donde se unió a un grupo de amigas para competir en torneos de fútbol 5.

Foto grupal con el equipo “La Redonda”.

Con este equipo llamado "La Redonda" jugó en muchas partes de Río Negro y Neuquén ganando amistades y divirtiéndose con lo que más le gusta hacer. 

Sus ganas de competir nuevamente la llevaron a jugar en el Club Obrero Dique donde rápidamente por su carisma, habilidad y experiencia se convirtió en capitana. 

Con el club disputó dos ligas confluencia, “fue hermoso volver a jugar, pero siempre desde un lugar más relajado y disfrutando del deporte, además que me acompañaba toda mi familia", explico con orgullo. 

Hoy, a sus 41 años, vive en Barda del Medio con su familia y sigue jugando al fútbol para divertirse, “el fútbol me dio muchas enseñanzas, pero siempre supe que no era mi único camino. Me ayudó a crecer como persona, a enfrentar desafíos y a valorar lo que tengo”. 

María Elena hoy observa con orgullo cómo ha evolucionado el fútbol femenino en Argentina, “me encanta que las chicas tengan más oportunidades y que los clubes les den la preparación y el apoyo que antes no tenían". 

Sin embargo, si tuviera 19 años hoy, su perspectiva seguiría siendo la mismo, “amo el fútbol, pero siempre lo vi como algo para disfrutar, no como una salida económica”.


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