Juan Carazo: El marcador de punta que enfrentó a la élite e inspira a los jóvenes deportistas
Hay que ser profesional en la vida
Juan Carazo: El marcador de punta
que enfrentó a la élite e inspira a los jóvenes deportistas
De coronarse en el ciclismo a jugar fútbol profesional con los mellizos Barros Schelotto y dirigir las nuevas generaciones de la región. La historia del ex deportista Juan Carazo trata de una vida llena de logros, desafíos y altibajos que aún no fue escrita por completo.
Carazo junto a los jugadores del Club Atlético Neuquén.
Por Facundo Mora.
“Pasé muchas cosas, tanto buenas como malas, tuve que vivir casi tres años en una concentración de La Plata sin la compañía de mis seres queridos por primera vez y no me arrepiento. A los 16 años no tenía a nadie conmigo, pero mi objetivo era claro, llegar a la Primera División del Fútbol Argentino”, esas fueron las palabras de Juan José Carazo, un carismático hombre de 46 años que reside en la capital neuquina y actualmente instruye, como director técnico, a los jóvenes talentos del Club Atlético Neuquén.
Juan
es un ex jugador de fútbol y aficionado del deporte que logró destacar en canchas
de césped y en velódromos. Ya que, entre sus primeros 5 y 10 años de vida, se
coronó en campeonatos sudamericanos y argentinos de bicicletas.
A
los 11, por cuestiones laborales de su padre “Tito”, tuvo que dejarlo de lado
para enfocarse en cuestiones regionales: “Ya no podía correr más porque la
mayoría de competiciones se hacían en la Buenos Aires y en distintos puntos del
país, se nos dificultaba hacer viajes tan seguido” exclamó Carazo.
Fue
entonces cuando optó por adentrarse a su segundo hobby, el fútbol. Ese mismo
año, Juan se inscribió en el Club Pacífico y escaló de categorías rápidamente gracias
a su enorme talento como marcador de punta por derecha, posición que se conoce
habitualmente como el N°4.
Con
15 años en su haber, Juan logró debutar en primera con el conjunto aurinegro. Siendo
este hecho, la piedra angular de su carrera futbolística, ya que al año siguiente, precisamente en el 94’,
destacó en las pruebas llevadas a cabo por Gimnasia y Esgrima de La Plata en la
capital porteña gracias a su experiencia en las canchas neuquinas.
La
fortuna de ser seleccionado entre los tantos jugadores amateurs que se
presentaron ese año, provocó que Juan Carazo deba hospedarse en la ciudad y festejar
su cumpleaños número 16, 17 y 18 en ausencia de sus seres queridos. Allí
disputó 7 partidos en reserva del lobo y uno en primera, un amistoso contra San
Lorenzo de Almagro.
“Haber jugado en el club por tres años me dió la oportunidad
de compartir entrenamientos con los mellizos Barros Schelotto, Pedro Troglio,
Beto Márcio, Andrés Yllana y Enzo Noce. Además de ser dirigido por Mario
Griguol, primo del técnico de Gimnasia en la primera, Carlos Timoteo Griguol” manifestó Juan Carazo.
No
todo fue grato para él en su estadía, ya que su ausencia en Neuquén le hizo
quedar al margen de las “festividades, cumpleaños o cosas divertidas de la
adolescencia como salir al boliche con amigos”, la distancia parecía incrementarse
día tras día. Más cuando un incidente en particular le hizo cuestionarse su futuro; ser
asaltado en la plaza cercana a la pensión. Sin embargo, su objetivo principal
de ser jugador profesional prevaleció y lo motivaron a seguir adelante.
Lamentablemente
en 1999, Juan recibiría en su mejor momento como jugador de Gimnasia, una
noticia devastadora; “su puesto como marcador central ya fue ocupado”. Debido a
que, en el ámbito deportivo, la selección es llevada a cabo por
jerarquizaciones, es decir, cuando el equipo requiere de un jugador, llaman al
de aquella posición de la reserva, y así en orden decreciente de categorías.
Juan
Carazo estaba por debajo de chicos que fueron llamados antes que él, por ende,
a los 20 años se vió obligado a dejar el club, al no contar con un contrato
profesional.
En
su regreso a Neuquén, Juan comprendió gracias a sus padres que el mundo seguía,
que debía salir adelante y que no todo giraba en torno al fútbol. Fueron 6
meses los que tardó en reinstaurarse a la sociedad y volver a hacer deporte en
el Club Cipolletti, debido a la difusión de la información entre conocidos que
estaba de nuevo en la ciudad.
Mientras
disputaba torneos con el conjunto albinegro, conoció a Silvana, su gran amor
desde entonces que lo acompaña en cada paso que dé y con quién contrajo matrimonio
30 años después de vivir en concubinato.
Allí
arrancó una etapa gloriosa en su vida, “otra cosa” como lo definiría él. Ya que
a medio año de su llegada pudo formar parte del plantel profesional. En ese
entonces, Cipolletti disputaba el Nacional B, la segunda categoría del fútbol
argentino. Por ello, pudo viajar por primera vez en avión a distintas partes
del país y jugar contra los mejores jugadores de la división, muchos de ellos
oriundos de planteles de primera, como Arsenio Benítez, el “Turco” García,
Marcelo Yorno y Hugo Guerra, ex delantero de Boca Juniors que es recordado por
su gol con la nuca contra River Plate en el año 96’.
Luego
de su descenso en 2001, Juan dejaría la institución para formar parte del
plantel de Independiente de Neuquén hasta el año 2007. Fue tal la campaña que
lograron ascender del Federal Amateur al Federal B, para luego llegar al A en
un corto lapso de tiempo.
Ese
mismo año y con tres décadas cumplidas, Carazo decidió colgar los botines de
manera profesional para enfocarse en su familia. Ya que, se convirtió en padre
por primera vez en junio de 2001 con el nacimiento de Lautaro; y por segunda
vez, en abril de 2007, cuando llegó al mundo Juan Ignacio.
Según
palabras de Juan, tuvo que dar un paso al costado por “un tema económico,
debido a que Neuquén no paga bien a los jugadores y la exigencia física es muy
alta”.
Aun
así, su amor por “la redonda” no le impidió disputar torneos los fines de
semana con sus amigos mientras trabajaba los días hábiles. Como resultado, se
armó un equipo con sus amigos de la infancia para disputar los torneos
regionales, llamado “La Gloriosa del 78”, campeón del Torneo Stimpra en 2010.
Fue
entonces cuando Juan, tras años de trabajo en diferentes rubros, encontró la
forma de seguir su pasión y llevar un plato de comida a la mesa. Ya que, en
2014 se alistó como director técnico de clubes infantiles para instruir a los
niños de Argentinos Juniors y Quimey, una escuelita de fútbol que elabora
entrenamientos personalizados para cada uno de ellos.
Actualmente
ejerce su rol en Club Atlético Neuquén desde 2023 de la mano del “Mono” Cofré,
ex jugador de la liga regional. Su alianza los llevó a dirigir planteles desde
finales de 2019 en Centenario, y a posterior, en Confluencia.
Gracias
a su mandato, el albirrojo está llevando a cabo una gran campaña, ya que
salieron campeones en la zona B de la Liga Lifune y están posicionados segundos
en el torneo clausura, con altas chances de ascender y salir campeón
nuevamente.
Sin
dudas, la vida de Juan Carazo es la representación del esfuerzo y pasión que
atraviesan las personas para alcanzar sus objetivos. Un ejemplo para aquellos
que, en el afán de lograr sus metas, se encontrarán con alegrías, adversidades
y momentos de desilusión. Su legado es testimonio de dedicación y compromiso para
con el deporte.




Interesante carrera la de Juan Carazo, están buenas estás notas que dan la visibilidad y entusiasmo que el hombre le puso a sus pasiones, bien redactado
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