Adolfo "Coco" Mantilaro: El pediatra que desafió la censura militar en nombre de la justicia social
“Me tildaron de comunista y era un simple cristiano”
Adolfo “Coco” Mantilaro: El pediatra que desafió la censura militar en nombre de la justicia social
Coco es un hombre sencillo que, con esfuerzo y dedicación, dejó una huella imborrable en la comunidad neuquina. Su pasión y compromiso con los más necesitados, nos motiva a trabajar por un mundo más justo para todos.
Adolfo Mantilaro de camino al Hospital Bouquet Roldán para colaborar en el servicio paliativo.
Por Facundo Mora
“El Hogar de Tránsito y la salud pública me ayudaron a reflexionar mucho. Me hicieron creer que había un propósito en la vida”, declaró Adolfo “Coco” Mantilaro, un reconocido pediatra neonatólogo y referente de la salud pública neuquina.
Coco es un hombre de 85 años, cuya trayectoria marcó un antes y un después en la atención médica de comunidades vulnerables. Proveniente de Ramos Mejía, llegó a Neuquén en 1971 junto a su mujer, Ana María “Brasa” Napoli, tras aceptar una propuesta laboral de la embajada estadounidense que tenía como objetivo combatir la “alta mortalidad pediátrica y neonatal de Latinoamérica”.
El programa Alianza para el Progreso, consistía en realizar pasantías en diversas sedes pediátricas de Tucumán, Salta y Neuquén. La “transparencia, flexibilidad y horizontalidad” del equipo sanitario neuquino, cautivó a la pareja y los llevó a tomar la decisión de vivir aquí el resto de sus vidas. “A pocos días de llegar comenzamos los trámites de la mudanza, podría decirse que fue un amor a primera vista” sostuvo Adolfo.
Coco dejó una huella imborrable en los hospitales Bouquet Roldán y Castro Rendón. Allí impulsó la descentralización para brindarle mayor atención médica a las comunidades aisladas. Él creía que la creatividad y predisposición jugaban un rol fundamental a la hora de trabajar en el sistema público: “No había jerarquías, todos hacíamos todo. Si alguien percibía que ‘la opción b y c’ podrían ser más factibles que la a, lo escuchábamos; quizás esa idea en un futuro podía llegar a sistematizarse y ser útil para muchos otros” afirmó Mantilaro.
La “infame” dictadura militar
Lamentablemente, Adolfo enfrentó una censura ideológica durante la dictadura militar que lo obligó a abandonar las instituciones sanitarias por seis meses, ya que, según los reportes militares, el pediatra recibía cheques provenientes de Cuba.
Durante su gestión como jefe de neonatología del Castro Rendón, cuatro militares liderados por “un tal Jorge” irrumpieron en el hospital: “El equipo notó, gracias a la bibliografía cubana, que el sonido mejoraba la calidad de vida de los prematuros, por eso, comenzamos a poner música suave alrededor de las incubadoras. La tropa llegó y nos ordenó abandonar las prácticas porque parecía un boliche”, declaró Mantilaro, que se mostró indignado al afirmar que “lo exoneraron y tildaron de comunista cuando él era un simple cristiano”.
Coco fue despojado de su cargo, salario y derechos jubilatorios. Aunque agradeció el hecho de que pudo volver a casa con vida, describió la exoneración como un golpe durísimo que lo llevó a aislarse de la sociedad por más de 30 días: “Estuve un mes sin hablar. Por suerte, tenía el respaldo de mi familia que me impulsó a salir adelante, y la aceptación de diversos establecimientos, como la Clínica Pasteur, que me dieron la oportunidad de volver a trabajar, a pesar de mi expediente” expresó.
Hogar de Transito “Cristo del Amor”, un refugio con los pies sobre la tierra
Tras reiteradas insistencias de su entorno y principios impuestos por el cristianismo, abrió en 1981 junto a Ana María, el Hogar de Tránsito Cristo del Amor. Un refugio para madres en situación de vulnerabilidad que “tenía los pies sobre la tierra y estaba comprometido con los más necesitados”, según palabras de Coco.
“El hogar fue un evangelio de igualdad que surgió gracias a Brasa, una mujer tremendamente lúcida y operativa que no se quedaba con las ideas, concretaba. Ella decía: ‘¿Por qué nosotros tenemos auto y tantas cosas, pero hay gente en las calles? Quizás los de abajo son más capaces y hermosos que los de arriba, solo que no tuvieron oportunidades’”.
Vida jubilatoria
En 2013, Mantilaro tomó la decisión de jubilarse para transitar la vejez junto a su esposa, quien falleció años después. En 2018, tras más de 30 años de servicio, tomó la decisión de cerrar el Hogar de Transito de manera definitiva.
Hoy en día, Adolfo Mantilaro lleva una vida tranquila rodeado de sus 7 hijos y 22 nietos. A pesar de que la ausencia de su esposa dejó un vacío imborrable, el recuerdo de los años compartidos y de su vocación, provocan con frecuencia que evoque una sonrisa en su rostro.
Fiel a su compromiso con la salud, Coco colabora semanalmente como voluntario en el servicio paliativo del Hospital Bouquet Roldán, brindando experiencia, conocimiento y calidez humana a quienes más lo necesiten.
El Centro de Salud, un reconocimiento para Adolfo "Coco" Mantilaro
En los años 70, Coco transitaba el barrio San Lorenzo Sur atendiendo casa por casa a quienes marcaban sus puertas con un pañuelo blanco en busca de asistencia médica. Su dedicación provocó que más de 280 familias reciban la atención sanitaria que merecían.
Sin embargo, el evento climático conocido como La Gran Inundación, provocó que los vecinos tuvieran que aglomerarse en las casas de dos familias voluntarias para ser atendidos por Adolfo, que ante las dificultades de transitar por el barrio inundado y deteriorado, encontró “alivio” en su labor gracias a los bondadosos vecinos.
Como consecuencia del estado sanitario del barrio, se fundó más tarde, gracias a la organización solidaria “Club de Leones”, una “salita” sin nombre en Los Zorzales y Belgrano que, años después durante la gestión del gobernador Omar Gutiérrez, se nombraría en honor al oriundo de Ramos Mejía, Centro de Salud Adolfo Coco Mantilaro.
A pesar de ello, Mantilaro expresó en diversas declaraciones que, si bien agradece el reconocimiento, el establecimiento debía llevar los nombres de los vecinos, que en un acto desinteresado de bondad, abrieron las puertas de su casa para priorizar la seguridad y accesibilidad de todos los vecinos, incluido el propio Coco.
“No me da orgullo, te hace un poco al ego, pero la esencia fue esa, que tenga el nombre de los vecinos solidarios que, en una casa chiquita, albergaban tanta gente para facilitarme el proceso. Ese era un acto de salud pública.” expresó Adolfo Mantilaro.

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