Emilio Mansilla: Fuerza, sacrificio y un legado que trasciende el powerlifting
Fuerza patagónica
Emilio Mansilla: Fuerza, sacrificio y un legado que trasciende el powerlifting
Por Ignacio Rambado
Nacido en Ingeniero Huergo, Río Negro, se trasladó a Neuquén con el fin de
ingresar y ser parte del cuerpo de soldados voluntarios de la ciudad. Hace más
de veinte años que su vida transcurre en Neuquén, ciudad que lo adoptó y en la
que, entre entrenamientos, rutinas laborales y la crianza de sus tres hijos,
forjó una carrera deportiva única en la historia del levantamiento de potencia
argentino.
Lejos de los flashes y podios internacionales, Emilio lleva una vida sencilla:
trabaja como encargado de edificio, un rol que combina con su entrenamiento
diario. Sus días empiezan temprano y terminan tarde, repartidos entre
responsabilidades laborales, familiares y deportivas. Es en esa rutina, lejos
de la que se podría imaginar que tenga un siete veces campeón del mundo, donde
Emilio demuestra que se puede alcanzar la cima mundial sin dejar de ser un
vecino más, “Yo cuando vuelvo de competir en Europa, me bajo del avión y no me
recibe nadie, vuelvo a mi casa con mi familia y al otro día voy a trabajar y
sigo mi vida normal, compro el pan en la misma despensa de siempre, eso no
cambia.” contó.
Su historia inspira no solo por sus logros, siete títulos mundiales, catorce
campeonatos nacionales y seis sudamericanos, sino por el camino recorrido. Sin
sponsors millonarios ni grandes estructuras detrás, se convirtió en una figura
respetada dentro y fuera del powerlifting. “A lo largo de los años pude armarme
mi propio equipo de entrenamiento a base de ir comprándolo de a poco, ya que no
es nada económico. También porque no hay ningún gimnasio que cuente con el
equipamiento necesario para llevar a cabo la disciplina de la manera más
profesional posible.” dijo
Mansilla también forma parte activa de la Asociación de Levantamiento de Pesas
de Neuquén, desde donde impulsa la formación de nuevas generaciones. Para él,
el powerlifting no termina en una medalla, su verdadera misión es dejar una
huella, transmitir valores y demostrar que, con trabajo y convicción, los
sueños más grandes pueden nacer en cualquier rincón del país. “Me gustaría que
en un futuro el deporte deje de ser amateur y se reconozca a nivel país para
que se profesionalice.”
Hoy,
con más de dos décadas de carrera y el reconocimiento ganado a fuerza de kilos
y sacrificio, Emilio Mansilla no solo es un campeón mundial. Es sobre todo, un
referente humano. Y esa quizás, sea su mayor victoria.
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