“Hagan lío”: el mensaje que transformó a la juventud mundial
“Hagan lío”: el mensaje que transformó a la juventud mundial
Su mensaje, lejos de ser tradicional o distante, apeló directamente a los jóvenes como agentes de cambio, alentándolos a salir de la comodidad, a “hacer lío” y a construir un mundo más justo desde la empatía, la solidaridad y el amor al prójimo. Francisco no solo habló de fe, habló de progreso, de inclusión y de responsabilidad social, tocando el corazón de millones que encontraron en sus palabras una inspiración para transformar la realidad.
Por Ignacio Rambado
El papa Francisco dejó una huella imborrable en la juventud mundial con su mensaje directo y transformador. Desde los primeros días de su pontificado, se propuso acercarse a los jóvenes con un lenguaje claro y desafiante, alentándolos a ser protagonistas activos en la construcción de un mundo más justo.
Durante la Jornada Mundial de la
Juventud en Río de Janeiro en 2013, pronunció una de sus frases más
emblemáticas: “Hagan lío”. Con estas palabras, incentivó a los jóvenes a salir
de la comodidad, a desafiar las estructuras establecidas y a comprometerse con
los valores del Evangelio para transformar la sociedad. Este llamado se
convirtió en un símbolo de su papado y resonó en millones de corazones jóvenes
alrededor del mundo.
Así describieron un grupo de
jóvenes no católicos la influencia del papa en su vida: “Nunca fuimos muy
cercanos a la iglesia y lo veíamos como algo lejano, que no era para nosotros.
Lo que más impactó en nosotros no fueron sus discursos sobre religión, sino su
forma se ser tan humana, como entendía lo que vivíamos lo jóvenes, lo sentíamos
muy cerca. El papa Francisco nos hizo ver que la fe no está solo en la creencia
y los rezos, sino en las buenas acciones que realizamos todos los días.
Entendimos entonces que ser joven no es una excusa para quedarse de brazos
cruzados y que con cada pequeña acción podemos hacer un cambio gigante en el
mundo”, concluyeron.
Francisco no solo les pidió que
“hicieran lío”, sino que también les recordó que la Iglesia debía estar en las
calles, comprometida con los más necesitados, y no convertirse en una
institución cerrada o una simple ONG. Su cercanía, humildad y capacidad para
escuchar hicieron que muchos jóvenes lo consideraran “el Papa de los jóvenes”,
alguien que caminaba a su lado y entendía sus inquietudes.
Su legado perdura en cada joven
que, inspirado por sus palabras, decide actuar con valentía, esperanza y amor
por los demás.
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