Talleres, comida, y oportunidades para los que menos tienen: así se sostiene “Tiempo de Niños”

Talleres, comida, y oportunidades para los que menos tienen: así se sostiene “Tiempo de Niños”

En la esquina de Dr. Gervasoni y Las Torcazas, en pleno barrio Esfuerzo de Neuquén, late el corazón de una misión silenciosa pero poderosa. Allí funciona la sede de la Fundación Tiempo de Niños, una organización que desde hace 14 años busca sostener, contener y acompañar a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad social.

Por Manuela Alemán

En este rincón del oeste, donde el Estado muchas veces está ausente, la fundación se convierte en un espacio de compañía. No solo por lo que hace, sino por cómo lo hace: con calidez, con entrega y con una convicción que no se agota, a pesar de las dificultades.

Pocos saben que dentro de esta fundación se aloja el programa CONIN —el mismo que nació en Chile y cuyo centro modelo funciona en Mendoza— orientado a combatir la desnutrición infantil. Pero en Neuquén, “la realidad no es tan crítica como en otras regiones del país, aunque no por eso deja de ser alarmante” declaró Héctor, presidente de la fundación. Aquí, CONIN se enfoca tanto en la malnutrición (obesidad, desnutrición, etc.) como en problemáticas sociales que afectan a niños entre 5 y 10 años.

La confusión entre ambas instituciones es habitual: muchos piensan que son lo mismo, pero en realidad CONIN es solo uno de los tantos programas que alberga la Fundación Tiempo de Niños. Junto con él, funcionan propuestas que van desde recolección de leche humana materna, banco de sangre, talleres de arte, percusión, folclore, acrobacia y canto coral, hasta espacios de acompañamiento en hábitos de estudio.

Sin embargo, la vocación de servicio no alcanza para sostenerlo todo. El programa funciona apenas dos veces por semana, los martes y jueves, y el sueño de tener un espacio de doble turno choca de frente con una realidad insoslayable: la falta de recursos. “Necesitamos un equipo completo: pediatras, trabajadores sociales, psicopedagogas, y si es posible, también psicólogos. Pero a todos hay que pagarles, y sin ingresos constantes, se hace muy difícil”, confiesan desde la organización.

“Hoy, unas 35 personas sostienen la fundación: apenas 10 reciben algún tipo de retribución; el resto son voluntarios”. Se apela a donaciones, rifas, bingos, ferias de ropa —como la que se realizará el próximo 12 de julio— y a la solidaridad de empresas privadas como La Anónima, que colabora con alimentos. No reciben ningún tipo de ayuda del Estado.

En ese contexto, cada gesto cuenta. Cada donación, cada leche en polvo, cada par de zapatillas que llega, se transforma en una herramienta para sostener la vida cotidiana de niños que muchas veces no tienen ni lo básico.

Aun así, el objetivo es claro y urgente: lograr la inclusión social de niños y adolescentes a través de la educación. “Trabajamos desde que el niño está en la panza de la mamá”, dicen. Las madres también se integran al proceso: participan en talleres de salud, higiene, trata de personas, jardinería, costura, tejido… y se llevan a casa un bolsón de alimentos.

“En muchos casos no tienen la figura del padre presente. Hay una situación importante de vulnerabilidad. Por eso la prioridad son los niños y adolescentes”, explica Héctor. Hoy asisten regularmente 25 niños al centro, pero son más de 100 los que, directa o indirectamente, se benefician de las acciones de la fundación.

A la salida de la escuela, muchos niños meriendan allí: leche con facturas, una rutina sencilla pero vital. A veces, también se topan con una triste evidencia: “Tenemos chicos de quinto grado que no saben leer. Por eso es muy preocupante que se haya eliminado la repitencia en las escuelas”.

La lista de tareas es infinita. La necesidad de contar con transporte propio para buscar a los chicos a sus barrios es otra urgencia. “Queremos que vengan con sus mamás y se vayan con su bolsón de comida, y que un auto los lleve de vuelta a casa”, sueña Héctor.

El trabajo es enorme y desbordante, pero el compromiso es inquebrantable. Y como en toda trinchera, mientras la ayuda no llega, los que están adentro se las arreglan con lo que tienen, sabiendo que cada día es una oportunidad más para cambiarle el destino a un niño.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Milagros Otero García: "Siempre es primero el equipo, después lo individual."

Acucades, la asociación civil que trabaja por la prevención del suicidio en Neuquén: “Trabajamos por amor a la vida”

Ver, escuchar y contar

El Psicólogo del Humor: "Se suspende el mundo mientras te estás riendo"

Silvio Lebicura: Boca, vóley y una vida de entrega y compromiso con el otro