24 de marzo: memoria, historia y compromiso en la Universidad Nacional del Comahue

 Por Nicolás Parada 

El 24 de marzo es una de las fechas más significativas y dolorosas en la historia de Argentina. Ese día, en 1976, se produjo el golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura cívico militar, un período marcado por el terrorismo de Estado, la censura, la persecución política y la desaparición forzada de miles de personas. Hoy, la fecha se conmemora como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en homenaje a las víctimas y como un llamado permanente a no repetir los errores del pasado.

El golpe del 24 de marzo de 1976 derrocó al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón e instauró una Junta Militar encabezada por Jorge Rafael Videla. Bajo el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, se implementó un plan sistemático de represión ilegal que incluyó secuestros, torturas y asesinatos. Se estima que hubo 30.000 desaparecidos, una cifra que simboliza la magnitud del terrorismo estatal.

Las universidades fueron uno de los principales focos de persecución. El pensamiento crítico, la militancia estudiantil y la participación política fueron considerados amenazas por el régimen.

La Universidad Nacional del Comahue, con sede en Neuquén, fue intervenida por la dictadura. Se disolvieron los órganos democráticos, se expulsó a docentes y estudiantes, y se impuso un estricto control ideológico.

Muchos integrantes de la comunidad universitaria fueron perseguidos, detenidos y en algunos casos desaparecidos. El clima dentro de la universidad cambió drásticamente: el miedo reemplazó al debate, y el silencio se convirtió en una forma de supervivencia.

Para comprender cómo se vive hoy esta fecha dentro de la UNCo, tomamos el testimonio de un docente de la institución, juan Martínez que también fue estudiante durante los últimos años de la dictadura:

¿Qué significa el 24 de marzo para usted dentro de la universidad?
Es una fecha que nos atraviesa profundamente. No es solo un recuerdo histórico, es parte de nuestra identidad como universidad. Acá hubo compañeros que fueron perseguidos, expulsados y desaparecidos. Cada aula tiene una historia que muchas veces no se cuenta, pero que está presente.

¿Cómo era la vida universitaria durante la dictadura?
Era muy distinta. Había miedo constante. No podías opinar libremente ni participar en política. Muchos docentes fueron echados por pensar diferente. La universidad dejó de ser un espacio de pensamiento crítico y pasó a ser un lugar controlado.

¿Cree que las nuevas generaciones comprenden lo que pasó?
Creo que hay un esfuerzo muy grande por transmitirlo. Las nuevas generaciones no vivieron esa época, pero tienen la responsabilidad de conocerla. Por eso son tan importantes los actos, las charlas, las marchas. La memoria se construye todos los días.

¿Por qué es importante seguir recordando?
Porque el olvido es peligroso. Si no recordamos lo que pasó, corremos el riesgo de repetirlo. La universidad tiene un rol clave: formar ciudadanos críticos, comprometidos con la democracia y los derechos humanos.

Con el regreso de la democracia en 1983, se inició en Argentina un proceso histórico de búsqueda de justicia. Uno de los hitos fundamentales fue el Juicio a las Juntas en 1985, que permitió condenar a los principales responsables del terrorismo de Estado.

Aunque en los años posteriores hubo retrocesos judiciales, con leyes que limitaron las investigaciones, estas fueron anuladas tiempo después, permitiendo reabrir causas y avanzar en juicios por delitos de lesa humanidad. Este proceso convirtió a Argentina en un ejemplo internacional en materia de derechos humanos.

Con el regreso de la democracia, la Universidad Nacional del Comahue inició un proceso de reconstrucción institucional. Se recuperó la autonomía universitaria, el cogobierno y se reincorporaron docentes que habían sido expulsados durante la dictadura.

Este proceso no solo implicó reorganizar la institución, sino también recuperar su identidad como espacio de pensamiento crítico, participación y debate. La universidad volvió a convertirse en un lugar donde circulan ideas diversas y donde se fomenta el compromiso social.

En la actualidad, la UNCo desarrolla múltiples iniciativas destinadas a mantener viva la memoria. Se realizan jornadas académicas, actividades culturales y proyectos de investigación sobre la historia reciente.

Además, dentro de la universidad se han impulsado acciones para recordar a estudiantes y docentes víctimas del terrorismo de Estado. Placas conmemorativas, actos institucionales y archivos históricos forman parte de este trabajo, que busca no solo recordar, sino también educar.

El movimiento estudiantil de la UNCo ha sido históricamente un actor clave. Antes del golpe de 1976, los centros de estudiantes eran espacios de debate político y participación activa.

Durante la dictadura, estas organizaciones fueron perseguidas y desarticuladas. Sin embargo, con la vuelta de la democracia, los estudiantes recuperaron su protagonismo y hoy continúan siendo una parte fundamental de la vida universitaria.

Cada 24 de marzo, su participación en actividades y movilizaciones reafirma el compromiso con la memoria y los derechos humanos.

La Universidad Nacional del Comahue cumple un rol fundamental en la ciudad de Neuquén y en toda la región patagónica. No es solo un espacio académico, sino también un lugar de encuentro, reflexión y construcción social.

A través de su vínculo con la comunidad, la universidad extiende su compromiso con los derechos humanos más allá de sus aulas, participando activamente en la vida social y cultural de la región.

Cada año, el 24 de marzo convoca a miles de personas en todo el país. En Neuquén, la comunidad universitaria tiene un rol central en las marchas y actividades conmemorativas.

Organismos como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas de Plaza de Mayo siguen siendo referentes fundamentales en esta lucha, y su legado continúa presente en las nuevas generaciones.

Hablar del 24 de marzo no es solo mirar al pasado, sino también pensar el presente y el futuro. En espacios como la Universidad Nacional del Comahue, la memoria es una herramienta activa que permite reflexionar, cuestionar y construir una sociedad más justa.

Recordar es también un acto de justicia. Es sostener viva la historia de quienes ya no están y reafirmar el compromiso con la democracia. En Neuquén, y especialmente en su universidad, ese compromiso sigue vigente, generación tras generación.



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