Dora Seguel: "Lo que vivimos no fue ciencia ficción, es la verdad"

A 50 años del inicio de la última dictadura militar, Dora Seguel reconstruyó la historia de su hermana Arlene, desaparecida en 1976 con una búsqueda que continúa hasta hoy. 


Por Kevin Martinez




Según Dora, antes del terrorismo de Estado, En los años 60 y 70, formaba parte de una generación que en sus propias palabras "se caracterizaba por ser solidaria y protagonista".

Recuerda con mucha nostalgia partes de su infancia en una familia de padres casados y seis hermanos. Donde destaca especialmente momentos cotidianos junto a sus hermanas Arlene y Argentina, con quienes eran muy unidas y solía compartir lecturas, música y proyectos. "Amanecíamos leyendo, cantando temas de Violeta Parra o Los Olimareños" cuenta.

Arlene fue la primera mujer de la familia en terminar el secundario y decidió estudiar Servicio Social en la Universidad del Comahue. Se mudó a las casas universitarias, pero mantenia un vínculo cercano con su familia. Si bien Dora destaca que en su hogar no había problemas económicos, por lo que no existían inquietudes. Ese presente comenzó a transformarse cuando tomó contacto con realidades sociales más duras. Una visita a un barrio de trabajadores rurales marcó un punto de quiebre. "Ahí entendimos que había otra realidad y que debíamos hacer algo"

En 1975, junto a sus hermanas, comenzó a participar políticamente. Organizaron junto a otros alumnos el centro de estudiantes del CPEM N°6 ubicado en Cutral-Co, ahí desarrollaron múltiples acciones solidarias para ayudar a aquellos compañeros que lo necesitaban. Sin embargo, el contexto nacional se volvía cada vez más represivo. La violencia política, las amenazas y los rumores de un golpe de Estado anticipaban lo que vendría.

Ella relata como en este mismo año, el clima en el país comenzó a endurecerse. Al mismo tiempo, crecían los rumores de un nuevo golpe de Estado.

El 24 de marzo de 1976, esos rumores se confirmaron. El país amaneció con la noticia en todos los medios. A partir de ese momento, se prohibieron sindicatos, centros de estudiantes y organizaciones sociales. Se impuso el toque de queda, la censura alcanzó a canciones, libros y películas, la actividad política quedó completamente anulada y comenzaron las detenciones ilegales y desapariciones.

El 13 de junio de 1976, la represión golpeó directamente a la familia Seguel, Arlene fue secuestrada en su casa por un grupo de militares. Dos días después, el 15 de junio, se desplegó un operativo en Cutral Co y Plaza Huincul, donde fueron detenidos estudiantes y trabajadores. Muchos de ellos fueron llevados a la comisaría 14, que funcionó como centro clandestino de detención y tortura.

Dora y su hermana Argentina también fueron capturadas. Trasladadas primero a la Unidad 9 de Neuquén, fueron obligadas a firmar su libertad. Sin embargo, al salir, fueron nuevamente reducidas y subidas a un camión, desde ese momento, pasaron a formar parte de las personas desaparecidas.

El traslado continuó hasta un avión que las llevó a Bahía Blanca, donde fueron recluidas en el centro clandestino conocido como "La Escuelita". Alli fueron sometidas a nuevos interrogatorios y a violencia extrema. Dora había sido abusada durante el traslado y volvió a sufrir lo mismo en ese lugar, su hermana Argentina también fue violada durante los interrogatorios.

Dias después, ambas fueron liberadas. Con los ojos vendados y las manos atadas, fueron abandonadas al costado de una ruta. Lograron llegar a una estación de servicio y pedir ayuda. Sin embargo, Arlene no estaba con ellas.

"En el centro donde estabamos,  cuando dijeron su nombre. Arlene respondió 'soy yo'. Fue la última vez que la escuché", recuerda Dora.

Un comisario las trasladó a una dependencia en Coronel Dorrego y luego las envió a la casa de un familiar en Bahía Blanca. Su madre viajó a buscarlas. Desde entonces, la búsqueda de Arlene no se detuvo.

Con el regreso de la democracia, Dora comenzó a dar testimonio y a participar en juicios de lesa humanidad. Su palabra fue clave para reconstruir lo ocurrido y condenar a los responsables. Esa participación también se convirtió en una forma de militancia. "Seguir hablando, dando charlas y participando en los juicios es una forma de luchar por la memoria de todos los que faltan", sostiene.

En ese camino, recuerda el acompañamiento de Jaime de Nevares y Noemi Labrune, quienes ayudaron a organizar a las familias en medio del terror y la incertidumbre.

Con los años, esa organización se transformó en memoria activa. Para Dora, continuar dando testimonio es una forma de sostener la lucha por quienes aún faltan. "Lo que vivimos no fue ciencia ficción, es la verdad", afirma, y remarca que los responsables tuvieron defensa y juicio, mientras que sus seres queridos no.

En cada 24 de marzo encuentra interés, empatía y un compromiso que se renueva, para que nunca más se repita el terrorismo de Estado.

Su lucha continúa, tanto por la recuperación de la identidad de los bebés apropiados como por encontrar los restos de su hermana y de todos los desaparecidos. "Necesitamos poder hacer el duelo" afirma.

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