“En Malvinas aprendimos todo en el campo de batalla”: el testimonio de un excombatiente a más de 40 años de la guerra

 Por Nicolás parada

Claudio Chapochnikoff fue enviado a la Guerra de Malvinas con apenas 18 años y sin preparación militar. En una entrevista profunda, reconstruye el miedo, los abusos, la crudeza del combate y el silencio que marcó a toda una generación de soldados argentinos tras el regreso.

A más de cuatro décadas de la Guerra de Malvinas, los relatos de quienes la vivieron siguen siendo fundamentales para entender no solo el conflicto bélico, sino también sus consecuencias sociales, políticas y humanas. Claudio Chapochnikoff , excombatiente, ofrece un testimonio crudo y reflexivo sobre su experiencia en las islas y el difícil regreso a la vida civil.

En 1982, Chapochnikoff era un joven más. Estudiaba en una escuela técnica, jugaba al fútbol y proyectaba un futuro común. Sin embargo, el servicio militar obligatorio cambiaría su destino de manera definitiva. “Yo en esa época hacía el servicio militar que era obligatorio. No habíamos tenido preparación ni instrucción… lo que fuimos a hacer allá lo aprendimos en el campo de batalla”, recuerda.

Antes del conflicto, su rutina estaba lejos de cualquier escenario bélico. “Era un pibe que iba a la escuela, llegaba a mi casa, colgaba la mochila y me iba a jugar a la pelota”, cuenta.

Pero el 2 de abril de 1982, con el desembarco argentino en las islas, todo cambió. En esos días, la sociedad vivía un clima de fuerte apoyo a la recuperación del territorio. “Había una efervescencia popular. La gente apoyaba porque Malvinas siempre fueron y son argentinas”, explica.

Sin embargo, mientras muchos celebraban, él tenía una mirada más realista: “Yo pensaba que los ingleses iban a venir. Les habíamos ‘mojado la oreja’, no podía ser que no reaccionaran”.

Días antes de ser enviado a las islas, le dieron unas horas para despedirse de su familia. Ese momento quedó grabado como uno de los más duros de su vida. “Fue muy angustiante. Tenía que decirle a mi mamá y a mis hermanas que me iba a la guerra”, relata.

La despedida fue incompleta: “Mi papá no estaba porque trabajaba. No me pude despedir de él. Se enteró después, cuando ya me había ido”.

Ese contexto, atravesado por la emoción colectiva y el temor individual, marcó el inicio de una experiencia extrema.

Chapochnikoff formó parte de una compañía de ingenieros del Ejército. Su función era clave: construir campos minados, trincheras y obstáculos defensivos.

Sin embargo, la falta de preparación era evidente. “No habíamos disparado un tiro. La instrucción que teníamos era parar gente en la calle y revisarla. Fuimos con un ejército preparado para otra cosa”, afirma.

Las condiciones en las islas eran adversas: frío intenso, humedad permanente y largas jornadas de trabajo físico. “Las trincheras se llenaban de agua. Era muy difícil todo”, describe.

A esto se sumaba el trato por parte de los superiores, que, según su testimonio, era violento y degradante.

“Nos decían que éramos la lacra de la sociedad. Hubo malos tratos, torturas y compañeros estaqueados”, denuncia.

Él mismo sufrió castigos: “Me pegaron una paliza y me metieron en una trinchera llena de agua. No estábamos preparados para nada y nos castigaban igual”. El inicio de los bombardeos marcó un quiebre en la experiencia de los soldados.

“El miedo fue terrorífico. Nunca deja de estar. Es una lotería: te puede caer una bomba encima o no”, explica.

Con el paso de los días, ese miedo se volvió parte de la rutina. “Se convierte en algo cotidiano, pero nunca desaparece”, agrega.

La diferencia con el ejército británico era clara: “Ellos eran profesionales. Nosotros éramos pibes de 18 años sin experiencia”.

El 14 de junio de 1982 llegó la rendición argentina. Para los soldados, el final del conflicto generó sentimientos encontrados. “Sentimos alivio porque estábamos vivos, pero también la derrota”, señala.

Tras ser capturados, pasaron días en condiciones precarias. Luego fueron trasladados al continente, donde comenzó otra etapa compleja.

Al regresar, lejos de recibir contención, los soldados se encontraron con un mandato de silencio.

“Nos encerraron en Campo de Mayo y nos dijeron: ‘de lo que pasó en Malvinas no se habla más’”, recuerda.

Ese silencio, sumado al trauma de la guerra, tuvo consecuencias profundas. “Nos trabaron la cabeza. La sociedad tampoco quería hablar. Fue muy difícil volver a la vida normal”, afirma.

Para Chapochnikoff la guerra no terminó en junio de 1982. Sus efectos se extendieron durante años. “La guerra te cambia la vida”

Muchos excombatientes enfrentaron la falta de apoyo estatal y social. “No teníamos contención psicológica ni laboral. Algunos no conseguían trabajo por haber estado en Malvinas”, relata.

Las secuelas emocionales aún se hacen presentes: “Hay momentos del año, cerca del 2 de abril, en los que me cuesta dormir, me siento ansioso. Son los recuerdos”.

También recuerda a quienes no lograron sobreponerse: “Muchos compañeros se quitaron la vida”.

Con el paso del tiempo, los veteranos comenzaron a organizarse y a reclamar reconocimiento. Ese proceso también fue una forma de sanar.

“Ir a las escuelas y contar lo que vivimos fue muy sanador”, dice. “Al principio no podía hablar, pero después fue saliendo”.

Hoy, el reconocimiento social es mayor, aunque llegó tras años de lucha. “Todo lo que conseguimos fue porque nosotros golpeamos puertas”, asegura.

Al reflexionar sobre su experiencia, Chapochnikoff identifica lo que perdió en la guerra.

“En Malvinas quedó la inocencia de un pibe de 18 años. No éramos hombres, éramos chicos que hicimos lo que pudimos”, afirma.

Pero también destaca lo que esa experiencia le dejó: un compromiso con la memoria y la paz “lo que traje es la necesidad de recordar, de crear conciencia y de decir que la guerra no es la solución. Tenemos que recuperar lo nuestro, pero de manera pacífica”.

 El testimonio de Claudio Chapochnikoff no solo reconstruye una historia personal, sino que también expone las deudas de una sociedad con quienes combatieron. A más de 40 años, su voz sigue siendo clave para mantener viva la memoria y reflexionar sobre el pasado reciente de la Argentina.  


                               



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