“En Malvinas dejamos la inocencia”: el testimonio de un excombatiente sobre la guerra, el silencio y la memoria

 Por: Tiziano Lamilla

Claudio Chapochnikoff, exsoldado, relató su experiencia en la Guerra de Malvinas: la falta de preparación, los duros combates, los malos tratos y el posterior abandono. A más de cuatro décadas del conflicto, reivindica la memoria y apuesta por una salida pacífica al reclamo argentino.

Claudio Chapochnikoff tenía apenas 19 años cuando fue convocado al servicio militar obligatorio en 1982. Estudiante de una escuela técnica, su vida transcurría entre el colegio y el club de barrio, hasta que en febrero de ese año recibió la orden de incorporarse. Pocas semanas después, el 2 de abril, Argentina recuperó las Islas Malvinas y, sin preparación militar adecuada, él y cientos de jóvenes fueron enviados al frente de batalla.

“Nosotros no habíamos tenido instrucción. Lo que fuimos a hacer allá lo aprendimos en el campo de batalla”, recordó. Integrante de una compañía de ingenieros del Ejército, su tarea consistía en construir trincheras, colocar campos minados y levantar defensas ante un eventual desembarco enemigo. Las condiciones eran extremas: frío, humedad constante, falta de alimentos y bombardeos cada vez más intensos.

El excombatiente describió un escenario marcado por el miedo, que con el paso del tiempo se transformó en rutina. “Nunca dejás de tener miedo. Es una lotería, no sabés dónde va a caer una bomba”, explicó. A ese contexto se sumaban los malos tratos por parte de algunos superiores, quienes, según su testimonio, ejercían violencia física y psicológica sobre los soldados. “Combatíamos contra los ingleses y también contra nuestros propios jefes”.

La despedida de su familia fue uno de los momentos más difíciles. Su padre no estaba presente y no pudo verlo antes de irse a las islas, lo que aumentó la angustia. “Era un momento muy duro, no sabíamos si íbamos a volver”, relató. Durante la guerra, la comunicación con sus seres queridos fue limitada, y muchas cartas nunca llegaron debido al bloqueo en las islas.

El 14 de junio de 1982, con la rendición argentina, tuvo sentimientos encontrados: alivio por haber sobrevivido y dolor por la derrota. Sin embargo, el regreso al país no le dio consuelo inmediato. Claudio contó que, al volver, los soldados fueron aislados y obligados a guardar silencio. “Nos dijeron que de lo que pasó en Malvinas no se hablaba más”, señaló, en referencia al contexto de la última dictadura militar.

Ese silencio, sumado a la falta de apoyo estatal y psicológico, dejó profundas secuelas en los excombatientes. “Muchos no pudieron soportarlo”, dijo, aludiendo a los casos de suicidio entre veteranos. Recién años más tarde comenzaron a organizarse en centros de excombatientes, lo que permitió compartir experiencias, iniciar procesos de sanación y reclamar derechos.

Con el tiempo, el reconocimiento social hacia los veteranos creció, impulsado en gran parte por su propia lucha. Hoy, Claudio participa activamente en charlas y actividades educativas, donde transmite su experiencia a las nuevas generaciones. “Es sanador poder contar lo que vivimos y generar conciencia”, sostuvo.

A más de 40 años del conflicto, mantiene una postura clara: la causa de Malvinas es legítima, pero la guerra no es el camino. “No queremos que nuestros hijos tengan que vivir lo que vivimos nosotros”, afirmó. Y concluyó con una reflexión que resume su historia: “En Malvinas dejamos la inocencia, pero también nos quedó el compromiso de mantener viva la memoria”.


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