Heroinas de Malvinas: las manos que salvaron vidas
Por: Alan Leiva
Una jornada emotiva en el Instituto Séneca puso en primer plano el rol invisibilizado de las instrumentadoras quirúrgicas durante la Guerra de Malvinas, a través del testimonio de Silvia Barrera.
El 31 de marzo se desarrolló un encuentro de reflexión centrado en el papel de las instrumentadoras quirúrgicas en el conflicto bélico de 1982. La actividad contó con la participación de Silvia Barrera, quien integró el equipo de salud durante la guerra y compartió una experiencia poco difundida dentro de la historia reciente.
El acto estuvo cargado de emoción, con las autoridades del Instituto,veteranos, efectivos policiales y la banda institucional. Se entonaron los himnos y se realizó un minuto de silencio en homenaje a los caídos. En ese marco, se remarcó un aspecto históricamente relegado: la participación de las mujeres en la guerra, especialmente en tareas sanitarias fundamentales.
Durante la jornada también se inauguró la primera sala de simulación de quirófano, denominada “Manos que salvan”. En reconocimiento a su trayectoria, Barrera recibió un diploma, acompañada por tres veteranos de Malvinas.
En su charla, relató su labor a bordo del buque hospital ARA Almirante Irízar, acondicionado para la atención de heridos. El barco contaba con quirófanos, terapia intensiva y capacidad para 250 pacientes, aunque llegaron a asistir a más de 300, utilizando incluso pasillos y espacios alternativos.
Los heridos eran trasladados en helicópteros durante el día, ya que por la noche no era posible volar. Al ingresar, se realizaba el triage, es decir, la clasificación según la gravedad de cada caso. Las condiciones eran extremas: en muchas ocasiones se limpiaban heridas sin anestesia para evaluarlas con rapidez.
La mayoría de las lesiones eran provocadas por esquirlas y presentaban un alto grado de contaminación. Se realizaban limpiezas quirúrgicas constantes, intervenciones y curaciones. También se utilizaron recursos como la cámara hiperbárica y se atendieron numerosos casos oftalmológicos por cuerpos extraños en los ojos.
Barrera también hizo hincapié en el impacto emocional del conflicto. Muchos camilleros eran jóvenes sin preparación para enfrentar situaciones críticas, lo que dejó secuelas psicológicas. A pesar de ello, el equipo debía actuar con rapidez y precisión, y en ese contexto las instrumentadoras cumplían un rol clave en cada cirugía.
Otro aspecto destacado fue la ayuda humanitaria brindada durante la guerra: Argentina llegó a enviar sangre y plasma a las fuerzas británicas cuando lo necesitaron.
Para cerrar, reflexionó sobre los avances médicos surgidos a partir de la experiencia bélica, como el desarrollo de la medicina táctica y el uso del torniquete para salvar vidas, además del reconocimiento tardío de su profesión, que comenzó a valorarse muchos años después.

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