La inflación en la calle: entre el privilegio, el esfuerzo y la supervivencia cotidiana

Por Agostina Camacho 

 

El aumento sostenido de precios impacta de manera desigual en la vida de los neuquinos. Mientras algunos logran sostener su nivel de vida sin grandes cambios, otros enfrentan cada día el desafío de llegar a fin de mes.



En marzo, la inflación en Neuquén registró un 3,5%, un número que se traduce de maneras muy distintas según quién lo viva. Mientras algunos sectores logran sostener su ritmo de vida sin grandes sobresaltos, otros sienten el impacto en cada compra, en cada cuenta y en cada intento por llegar a fin de mes. Un recorrido por las calles neuquinas revela realidades contrastantes, atravesadas por el trabajo, el ingreso y las posibilidades de cada hogar.

Luna, de 22 años, estudia Seguridad e Higiene en la Universidad Nacional del Comahue y reconoce que vive una realidad distinta a la de muchos jóvenes de su edad. “Tengo el privilegio de que mis papás pueden ayudarme con los gastos. Nuestro estilo de vida siempre fue muy bueno y por el momento todo sigue igual de bien”, cuenta. Aunque no tiene empleo fijo, realiza trabajos ocasionales cuidando a la bebé de una amiga para generar ingresos propios.

 Sobre la situación económica general, admite cierta distancia: “Tema inflación yo mucho no entiendo… de política no entiendo nada, de economía mucho menos”. Desde su experiencia personal, asegura que en su entorno cercano no percibe grandes dificultades: “Mis amigos, familiares y conocidos todos tienen trabajo, se los ve bien”.

Muy diferente es la mirada de Francisco, de 47 años, quien trabaja desde hace 25 años en una verdulería. Para él, la inflación es una carga acumulada que se siente en el desgaste físico y emocional. “La verdad que estoy cansado de la inflación, de los políticos, de la pobreza… yo de esto trabajo hace 25 años y no me da la espalda, las manos, y tengo que seguir haciéndolo con cualquier político y con cualquier inflación”, expresa.

 Francisco asegura que siempre debió administrar cuidadosamente sus gastos: “Uno siempre tiene que cuidar el bolsillo, yo siempre fui pobre toda mi vida”. Aunque logró cierta estabilidad (tiene su casa y su vehículo) sostiene una visión pesimista sobre el panorama económico: “La economía del país siempre estuvo mal y siempre va a estar mal”. También observa dificultades en su entorno, especialmente entre jubilados: “Tengo muchos amigos policías jubilados y realmente la mínima es una miseria”.

En el caso de Damián, de 34 años, la inflación golpea de lleno en la economía diaria de su familia. Trabaja vendiendo comida ambulante (tortas fritas rellenas, sánguches de milanesa y gaseosas) y complementa sus ingresos con changas de albañilería, corte de césped y otros trabajos. “Cuánto más se trabaje mejor, tengo dos nenas mellizas de dos años y tienen que comer”, resume. Vive con su suegra junto a su esposa, quien cocina los productos que luego él vende en la calle.

“Yo la inflación la siento porque trabajo; cuesta llegar a fin de mes. Encima tengo que invertir para seguir comprando mercadería”, explica. Aun así, mantiene esperanza: “Tengo fe igual de que vamos a poder salir adelante con mi mujer, siempre lo hicimos así”. Su preocupación también se extiende a quienes lo rodean: “Tengo muchos amigos en situaciones peores que la mía, están en la calle, cartoneando, limpiando vidrios… uno se la rebusca para salir adelante”.

Los testimonios muestran un Neuquén atravesado por desigualdades económicas profundas, donde el mismo índice inflacionario impacta de formas opuestas según las condiciones de vida de cada persona. Mientras algunos observan la crisis desde cierta estabilidad, otros la enfrentan como una lucha diaria marcada por el trabajo constante, la incertidumbre y la necesidad de sostener a sus familias.


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