Mujeres de Malvinas: un testimonio que tardo 40 años en ser contado
-Por: Muriel Leiva
La instrumentadora quirúrgica Silvia Barrera, quien participó en la Guerra de
Malvinas, visitó el instituto terciario Séneca el pasado 31 de marzo, donde
participó de la inauguración de una sala de simulación quirúrgica y brindó una
charla a estudiantes y personal de la institución. Durante el acto, se colocó
una placa en homenaje a las mujeres que participaron del conflicto, bajo el
nombre “Manos que salvan”, con la presencia de excombatientes y la
participación de la banda policial.
Durante la charla, Barrera relató que a los 23 años se anotó como voluntaria
para viajar a las Islas Malvinas. De las diez mujeres instrumentadoras
convocadas, solo seis aceptaron participar, ya que muchas no pudieron
hacerlo por miedo o por tener hijos. Permaneció en zona de conflicto entre el
8 y el 18 de junio a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, que contaba
con tres quirófanos de gran tamaño y alrededor de 250 camas.
Además, contó que su compañera Liliana Colino, enfermera, fue la única que
llegó a pisar las islas, mientras que el resto se quedó trabajando en los buques.
También explicó que esos días fueron muy duros, ya que no estaban
acostumbradas a ese tipo de heridas ni a operar en un barco en movimiento.
A esto se sumaban varias dificultades: los helicópteros no volaban de noche,
en invierno oscurecía más temprano y tareas básicas como llevar comida a los
soldados o esterilizar el instrumental se hacían muy complicadas.
Barrera señaló que fue la única que llevó rollos fotográficos durante su estadía
en la guerra, aunque muchas de esas imágenes se perdieron. Según relató, en
una ocasión soldados ingleses revisaron los camarotes y se llevaron
pertenencias que consideraban de interés, entre ellas varias fotografías,
muchas de las cuales registraban las cirugías que realizaban.
En relación a las imágenes que se conservan, explicó por qué en la mayoría
aparecen acompañadas por un hombre. “No éramos chicas fáciles, nos dieron
órdenes de que no habláramos con nadie, pero no hacíamos caso, nos
escapábamos para ver a los heridos y llamábamos a sus familias”, recordó. En
ese contexto, contó que al regresar al continente fueron aisladas en un galpón
junto a aviones, donde utilizó su último rollo fotográfico con un policía
militar, quien aparece en gran parte de las fotos que se conocen, ya que tenía
la orden de permanecer a su lado y no moverse.
Al regresar a Buenos Aires, Barrera recordó que al día siguiente retomaron sus
tareas en el hospital como si nada hubiera ocurrido y sin ningún tipo de
recibimiento. Durante años, sus experiencias permanecieron en silencio,
hasta que comenzaron a contar sus propias historias, lo que permitió
visibilizar el rol de las mujeres durante este conflicto. Recién a partir de 2002
empezaron a sentirse verdaderamente reconocidas.
En la actualidad, continúan compartiendo sus vivencias y aseguran que
seguirán recorriendo instituciones, medios y escuelas para dar a conocer esta
parte de la historia, con el objetivo de mantener viva la memoria y fortalecer el
reconocimiento a las mujeres que participaron en la guerra.

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