Veterana de Malvinas puso en palabras lo que durante años no se dijo

 Por: Agostina Camacho 


Silvia Barrera, instrumentadora quirúrgica, participó de un acto conmemorativo y brindó una charla donde visibilizó el rol de las mujeres en la guerra y una historia que durante décadas quedó fuera del relato.




El 31 de marzo, en un clima atravesado por la memoria, Silvia Barrera (instrumentadora quirúrgica y veterana de la Guerra de Malvinas) visitó la ciudad de Neuquén para participar de un acto conmemorativo y compartir su experiencia con estudiantes del Instituto Terciario Séneca.

La jornada comenzó con la presentación de la banda policial, dirigida por el maestro Uribe, que interpretó la Marcha de Malvinas, seguida por el Himno Nacional Argentino y el Himno Provincial. Como ocurre en cada acto vinculado a Malvinas, no fue una ceremonia más: hubo respeto, silencio y una carga emocional que se sostuvo durante toda la actividad.

En ese marco, el Concejo Deliberante declaró a Silvia visitante destacada, en reconocimiento a su participación durante el conflicto de 1982. Además, la institución inauguró un nuevo sector de simulación quirúrgica denominado “Manos que salvan”, en homenaje a su trayectoria y a la de todas las mujeres veteranas.

Durante su charla, Silvia se detuvo en un punto que atravesó todo su relato: la falta de reconocimiento hacia las instrumentadoras quirúrgicas.

Explicó que, tanto en la guerra como en el sistema de salud, su rol suele quedar en segundo plano, a pesar de ser fundamental dentro del quirófano. En ese sentido, señaló que una de las razones que la impulsaron a participar en Malvinas fue justamente hacer visible esa tarea.

También amplió la mirada sobre quiénes son considerados veteranos, incluyendo a quienes se movilizaron desde distintos puntos del país y formaron parte del operativo, más allá del frente de combate.

Silvia repasó el lugar de las mujeres en la historia de los conflictos armados y cómo, durante mucho tiempo, su participación quedó relegada.

En el caso de Malvinas, fueron seis las instrumentadoras quirúrgicas que participaron: cinco del Hospital Militar Central y una de Campo de Mayo. Solo una enfermera llegó a pisar las islas; el resto cumplió funciones en buques hospital.

Detrás de esos datos, aparece una historia que durante años casi no se contó.

A bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, el trabajo se desarrolló en condiciones complejas. Silvia relató que no contaban con equipamiento adecuado, utilizaban ropa masculina y debían enfrentar constantes dificultades operativas.

El movimiento del barco hacía que los instrumentos no permanecieran estables. En ese contexto, el equipo médico tuvo que adaptarse para poder operar en situaciones críticas.

La esterilización de los elementos era lenta, y cualquier complicación podía afectar directamente el trabajo. Mientras tanto, seguían llegando heridos con cuadros graves: traumatismos, quemaduras, infecciones y heridas múltiples.

Era un trabajo continuo, con recursos limitados y sin margen para errores.

Entre los episodios que relató, uno de los más significativos fue el contacto con un buque hospital inglés. En esa situación, el equipo argentino brindó asistencia mediante la donación de plasma, sangre y suturas.

Fue un gesto que sorprendió e impactó a los presentes, debido a que se otorgó ayuda sin distinción de banderas.

Silvia también recordó momentos difíciles, como la falta de agua, que obligó a restringir su uso exclusivamente para los heridos, dejando al personal sanitario en condiciones muy limitadas.

Al darse la voz de alto en la guerra, debido a las condiciones sanitarias, Silvia recordó un episodio tenso en esas circunstancias : en una de las escalas, personal inglés subió al Irízar y sustrajo distintos materiales médicos y pertenencias, entre ellas fotografías de las intervenciones quirúrgicas que ella había realizado.

Tras el final de la guerra, el regreso al país estuvo marcado por el silencio. No hubo recibimientos ni reconocimiento inmediato. Durante años, la experiencia de estas mujeres no formó parte del relato público.

Recién a partir de 2012, gracias a la participación de periodistas y medios de comunicación , sus historias comenzaron a difundirse con mayor visibilidad, permitiendo avanzar en su reconocimiento. Hoy, ese reconocimiento también se refleja en distintos espacios educativos del país: varias instituciones llevan el nombre “Heroínas de Malvinas”, en homenaje a estas mujeres y a su rol durante el conflicto.

La visita de Silvia Barrera a Neuquén volvió a poner en circulación una parte de la historia que durante mucho tiempo permaneció al margen.

En ese marco, el reconocimiento no solo alcanza a su figura, sino también a todos los veteranos y veteranas de Malvinas.

Especialmente a las mujeres, cuya participación empezó a ser nombrada con más claridad en los últimos años, como parte de una memoria colectiva que todavía se sigue reconstruyendo.


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