Macaya Márquez: La voz que acompañó generaciones mundialistas
Enrique Macaya Márquez, el histórico periodista argentino, cubrió más de seis décadas de Copas del Mundo y sigue dejando huella como una de las voces más respetadas del deporte.
Hablar de Enrique Macaya Márquez es recorrer gran parte de la historia del fútbol moderno. Su vida profesional quedó unida para siempre a los Mundiales, a los estadios repletos, a las transmisiones eternas y a las imágenes más importantes del deporte. Pero detrás del récord y de la figura pública existe una historia mucho más profunda: la de un hombre que dedicó más de sesenta años a observar, narrar y entender el fútbol desde adentro.
Nacido en Buenos Aires en 1934, encontró desde joven una vocación clara en el periodismo deportivo. En aquellos años el oficio era casi artesanal. No había inmediatez ni tecnología avanzada: los viajes eran largos, las coberturas exigían paciencia y la memoria era una herramienta central. En ese contexto comenzó a forjar una carrera que terminaría siendo histórica.
Su primera gran experiencia mundialista llegó en Suecia 1958. Tenía poco más de veinte años y viajaba por primera vez a Europa para cubrir una Copa del Mundo. En el libro “Mis mundiales" recuerda aquel viaje como una aventura decisiva, “Yo sólo había viajado hasta Uruguay, y en barco”, cuenta.
Ese Mundial fue duro para la Selección Argentina, pero inolvidable para él. Allí vio surgir a un joven Pelé que empezaba a deslumbrar al planeta y entendió que los mundiales eran algo distinto a cualquier otro torneo: un escenario donde el fútbol se mezclaba con la cultura, las emociones y la historia de cada país.
Desde entonces, cada cuatro años repitió el mismo ritual: valijas, aeropuertos, estadios y una nueva ciudad por descubrir. Con el tiempo, esto dejó de ser sólo un trabajo y se transformó en el eje central de su vida profesional.
A lo largo del libro reconstruye ese recorrido a través de recuerdos y anécdotas que van mucho más allá de los resultados. Aparecen viajes agotadores, estadios icónicos, entrenadores intensos, figuras legendarias y también la evolución profunda del periodismo deportivo.
Al comienzo de su carrera, las crónicas se enviaban por teléfono o telegrama. Luego llegaron la televisión satelital, las computadoras, internet y las redes sociales. Atravesó cada una de esas etapas sin perder su estilo: siendo observador, analista y muy crítico en su labor.
Su obra también refleja una mirada personal, “Tiene que ver con la vida, con el tiempo”, reflexiona sobre lo que significa su trabajo en su vida. Cada torneo aparece como un capítulo distinto de su propia biografía.
Esa forma de trabajar lo convirtió en una figura respetada por generaciones de futbolistas y colegas. En un mundo cada vez más acelerado, mantuvo un perfil clásico, basado en la experiencia, la memoria y la observación. Su voz se volvió sinónimo de análisis y mirada objetiva.
A lo largo de su trayectoria fue testigo de algunos de los momentos más importantes del fútbol: el dominio del Brasil de Pelé, el fútbol total de Holanda en los años 70, la tensión del Mundial 78 en Argentina, la explosión de Maradona en México 86 y la consagración de Messi en Qatar 2022, entre otros.
Pocos periodistas en el mundo tuvieron la posibilidad de seguir tan de cerca una línea histórica tan extensa. Sin embargo, siempre logró mantenerse vigente. Su relación con este deporte llamado fútbol, no solo fue deportiva, en sus relatos aparecen también los detalles humanos: charlas en hoteles, viajes en condiciones difíciles, vestuarios silenciosos después de una derrota o conferencias cargadas de tensiones, al mismo tiempo acompañó una serie de frustraciones tales como Italia 90, EstadosUnidos 94, Corea-Japón 2002 o la final de Brasil 2014 son recuerdos marcados por la decepción, pero vividos en primera persona.
Con el paso de los años se transformó en algo más que un periodista deportivo. Se convirtió en un testigo privilegiado del fútbol de primer nivel, Quizás por eso su recorrido genera tanta admiración porque no se construyó desde la polémica, sino desde la constancia, el profesionalismo y el respeto.
Cuando Argentina ganó la Copa del Mundo en Qatar 2022, su imagen trabajando volvió a emocionar a muchos. No era simplemente un periodista más en una cobertura: era alguien transmitiendo amor y pasión por su trabajo, el mismo que lo ayudó a transitar adversidades tal como es la pérdida de un ser amado.
En tiempos donde todo parece rápido y descartable, su historia representa otra cosa, la permanencia, la memoria y la dedicación absoluta a un oficio.
Después de toda una vida frente a los micrófonos, su legado quedó definido por una idea simple pero poderosa: “Entender el fútbol como una manera de entender el mundo”.
“Hay que estar agradecidos a los que nos abren un camino”.

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