Mundial 2014: los recuerdos de un adolescente en llenar el álbum de figuritas

por Alejandro Sinquigrani

Era mi primer mundial y recuerdo que fue el único en el que mi mamá me pedía que ponga los partidos y que deje de hacer lo que estaba haciendo. 

Ese mundial se recuerda con nostalgia y tristeza por el resultado final porque la selección argentina llegaba al último partido jugando bien. La gran expectativa era de que Messi gane algo importante con la selección.

El 10 era muy criticado en ese momento porque se decía que no aparecía en los momentos importantes.

Con mis padres había acordado que ayudando con algunos quehaceres en casa a cambio me compraban figuritas. Lo mismo con mis abuelos. 

También recuerdo que las figuritas repetidas que me tocaban se las daba a mi hermano y las pegaba en la pared de la habitación. Una al lado de la otra con la finalidad de que le quede los rostros de los jugadores en fila. 

A mi hermana le gustaba mucho pegar las figuritas en el álbum. 

Otro de los recuerdos que tengo es que mamá estuvo varios días triste y desilusionada porque la selección no pudo salir campeón del mundo. 

Sacando lo futbolístico para mí fue un gran mundial por el entusiasmo de completar el álbum de figuritas.

En ese entonces cada sobre salía 50 pesos. Era todo un tema conseguirlas porque estaban agotados o la forma de conseguirla era ahorrando dinero o ir al parque a intercambiar las repetidas. 

También me acuerdo de los nervios en cada partido, de juntarnos en familia frente al televisor y de cómo se paralizaba todo cuando jugaba la Selección. Cada gol se gritaba como si estuviéramos en la cancha y cada situación peligrosa nos hacía sufrir a todos. Era una mezcla constante de ilusión y ansiedad.

La final fue uno de los momentos más intensos que recuerdo. La sensación de que estábamos tan cerca de lograrlo hacía que cada jugada se viviera con el corazón en la boca. El gol anulado a Gonzalo Higuaín, las chances que no pudieron concretarse y la expectativa de que Messi pudiera consagrarse con la Selección marcaron muchísimo ese recuerdo. Más allá de las críticas que recibía en ese momento, para muchos seguía siendo la gran esperanza.

Ese Mundial no fue solo fútbol. Fue compartir, fue hacer esfuerzos para completar el álbum, fue negociar figuritas en el parque, cambiar repetidas y celebrar cada nueva que salía en el sobre. Fue aprender el valor de esperar, de intercambiar y de ilusionarse.

Aunque el resultado final dejó tristeza, con el paso del tiempo quedó más fuerte la nostalgia y el recuerdo de esos momentos en familia. El Mundial 2014 marcó mi infancia, no solo por lo deportivo sino por todo lo que significó en lo emocional. 


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