Mundial del 78: La gloria mundialista sobre la sombra de la dictadura
Por: Ticiano Leonel Bartoli
Parcial: Fenomenos Sociales Vinculados al deporte.
Un 25 de junio de 1978 en el estadio Monumental de Buenos Aires, Argentina derrotaba por 3-1 a Holanda y se consagraba por primera vez campeona del mundo. Mientras el país festejaba, en la conciencia de la sociedad se ocultaba una de las épocas más oscuras de su historia.A casi cincuenta años del torneo, el debate sobre el uso político usado en este mundial de fútbol continúa vigente.
Por aquellos años Argentina se encontraba atravesando su quinta dictadura militar, instaurada tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976. El denominado proceso de reorganización nacional, encabezado por el general Jorge Rafael Videla, llevaba adelante una política represiva que incluyó secuestros, desapariciones forzadas, torturas y censura de todo tipo. En ese contexto, el mundial de 1978 se convirtió en una gran oportunidad para mostrarle a todo el mundo, una imagen positiva del país.
La FIFA había acordado realizar el mundial en Argentina años antes del golpe de estado, pero fue la dictadura quienes quedaron al mando de la organización de este evento. Para el gobierno militar, el mundial representaba algo más que una competencia de fútbol. Era la posibilidad de usar este torneo como herramienta para contrarrestar las tantas denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos.
Durante esos meses, organismos internacionales como periodistas extranjeros y grupos de exiliados argentinos, denunciaron la situación que atravesaba el país. Frente a esto, el gobierno se defendió impulsando la idea de que era “campaña anti-Argentina”, argumentando que desde el exterior se intentaba desprestigiar a la nación con falsedades. Como los medios eran controlados por el gobierno, esta versión se difundió por todos ellos y se presentó al mundial como una oportunidad para demostrar “la verdadera realidad del país”, según el régimen. Los medios tuvieron un rol importante, ya que destacaban la organización del torneo, y mostrando al mundo una nación ordenada, segura y preparada para recibir uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
Sin embargo, detrás de esa imagen de los medios, existía otra realidad. Mientras miles de hinchas asistian a los estadios y millones lo seguirán desde sus casas, seguian funcionando los centros clandestinos de detención. Uno de los casos más emblemático fue la escuela mecánica de la armada (ESMA), ubicada a un par de cuadras del monumental, donde se disputó la final del mundial. Mientras el país celebraba los goles de la selección, cientos de personas permanecían privadas ilegalmente de su libertad.
A pesar de ese contexto, es injusto decir que la alegría de la gente fue producto de una manipulación política. Ya que el mismo mundial. despertó emociones genuinas en los argentinos. La selección de Cesar Luís Menotti alcanzó un gran nivel futbolístico y logró una identificación con la gente. Las calles se llenaron de festejo, y la obtención del trofeo generó una sensación de felicidad colectiva difícil de comparar con otros acontecimientos en la historia deportiva de Argentina.
No hay que dejar de mencionar que la copa del mundo tuvo situaciones particulares. Una de las más discutidas, fue el 6-0 de Argentina frente a Perú. Donde el albiceleste necesitaba ganar por 4 goles para acceder a la final y terminó por una diferencia de 6 goles. Años después, surgieron sospechas sobre posibles acuerdos políticos o presiones al conjunto peruano. Aunque nunca aparecieron pruebas firmes, este partido sigue siendo objeto de debate para los que analizan el fútbol.
El triunfo del mundial fue utilizado políticamente por la dictadura, y así estos, podían reforzar su imagen pública. Las eufóricas celebraciones fueron interpretadas por algunos sectores como apoyo al gobierno militar. La presencia de Videla en la entrega de la copa y las imágenes de los festejos de los hinchas argentinos fueron utilizadas como símbolo de unidad nacional, pero que ocultaba las tensiones reales que había en la sociedad Argentina.
A casi cinco décadas de aquel mundial del 78´. Para muchos continúa generando reflexiones y debates. Para los argentinos, representa una de las mayores alegrías deportivas de su historia. Pero para otros, simboliza también el intento de manipulación de un régimen autoritario y aprovecharse del fútbol para mejorar su imagen frente al mundo y desviar la atención sobre violaciones a los derechos humanos que ocurrían en el país.
La historia demuestra cómo el deporte y la política van juntos de la mano. El mundial de 1978 es el claro ejemplo de cómo un acontecimiento deportivo puede transformarse en un símbolo de identidad nacional y de disputa por los sentidos de la memoria. Recordar este hecho, implica celebrar una conquista pero también reflexionar sobre el contexto histórico en el que tuvo lugar.
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